La flexibilidad que realmente nos pide el yoga.
- Jimena Barcelona

- 17 mar
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 7 días
En una época en la que el yoga suele asociarse con cuerpos extremadamente flexibles, muchas personas creen que necesitan alcanzar ciertas posturas para ser “buenos practicantes". Sin embargo, la verdadera flexibilidad que el yoga nos pide es de un orden muy diferente.

En esta era de hiperestimulación visual, abundan las imágenes de hombres y mujeres con físicos esbeltos, adoptando formas impensadas con sus cuerpos.
Muchas de estas publicaciones suelen asociarse o catalogarse bajo tags como #yoga, #yogafit, #advancedyoga. Y si bien logran su cometido —el de atraer nuestra atención y hasta despertar una cierta admiración—, lo real es que, para y por el yoga, hacen exactamente lo contrario: alejar aún más a esa persona de la posibilidad de comenzar a practicar algún día.
El yoga no tiene -ni nunca tuvo- como objetivo llegar a una postura determinada ni adquirir una forma perfecta con el cuerpo. Intentar practicar desde este lugar es una receta perfecta e infalible para la frustración -o la lesión-.
T.K.V. Desikachar -hijo de Sri Tirumalai Krishnamacharya- nos obsequió uno de los principios más importantes a la hora de empezar a practicar yoga: “El punto de partida es siempre nuestro estado actual; lo que importa es el lugar donde estamos ahora.”.
¿Qué significa esto? Tiene muchas capas, como todo en el mundo del yoga. Pero podemos empezar por lo más accesible y tangible que tenemos: o sea, empezar desde el cuerpo real con el que llegamos a la práctica.
Nuestra disposición física está marcada, no sólo por los genes heredados, sino aún más importante, por todo lo que hemos hecho en nuestra vida: deportes, lesiones, alimentación, descanso, y por la forma en que a lo largo del tiempo le hemos enseñado a nuestro cuerpo a moverse.
Empezar desde el cuerpo real con el que llegamos implica, más temprano que tarde, enfrentarnos con nuestras limitaciones. Y acá es donde creo que el yoga nos exige nuestra mayor flexibilidad —y no lo digo en referencia a lo físico—.
¿Qué nos pasa cuando nos encontramos frente a esa limitación? ¿Cómo la abordamos? ¿Cómo la sorteamos? ¿Aplicamos más y más fuerza para llegar? ¿O nos rendimos sin siquiera probar hasta dónde podemos ir?
Si nos encontramos con una limitación física y queremos usar la fuerza para “doblegarla", seguramente nos lesionemos. Entonces, el camino más inteligente a seguir deberá ser aquel que nos permita identificar qué sí y qué no. Y ningún profesor podrá hacer ese trabajo en nuestro nombre, porque sólo nosotros estamos dentro de nuestro propio cuerpo.
Pareciera que el yoga nos pone a prueba físicamente pero, en realidad, eso es sólo un medio, una herramienta. Lo que verdaderamente está a prueba es la flexibilidad de nuestra mente.
Aprender a ser más flexibles -que no es lo mismo que ser laxos- implica reconocer con humildad dónde estamos hoy, identificar hasta dónde sí y hasta dónde no, aprender a ser más compasivos con nosotros mismos, más amorosos, más pacientes.
Y cuando empezamos a desarrollar estas cualidades en nuestra práctica, si lo hacemos de manera constante y continua, inevitablemente se trasladarán a nuestra vida, a nuestro pequeño día a día.
Entonces, tal vez un día podremos despertar reconociendo hasta donde sí y hasta donde no, en lugar de entrar en el piloto automático de repetir lo mismo de todas las otras mañanas. Y en ese pequeño gesto -casi imperceptible- algo en nosotros habrá empezado a cambiar.
Si estás empezando a explorar la práctica, quizás te interese leer también ¿Qué significa realmente practicar yoga?




Comentarios