La dimensión más sutil de la práctica.
- Jimena Barcelona

- 16 mar
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 7 días
En la práctica de yoga, la atención suele comenzar puesta en el cuerpo y en la respiración. Con el tiempo, descubrimos que el verdadero trabajo ocurre en un lugar mucho más sutil.

Cuando empezamos a practicar yoga, casi toda nuestra atención está puesta en las asanas -las posturas- que se nos piden hacer.
¿Dónde van los brazos? ¿Cuánto tengo que separar las piernas entre sí? Me piden que enderece mi espalda y hago lo que puedo con ese comando. Y una vez que logro un cierto equilibrio en esa postura estática de inicio, tengo que empezar a moverme.
Luego -y en el mejor de los casos- quien está dando la clase indica que ese movimiento que tengo que hacer tiene que estar coordinado con un componente de la respiración: ya sea con la inhalación, con la exhalación o durante la retención.
Entonces, ahora ya no estoy dirigiendo mi atención solamente a lo que tengo que hacer con el cuerpo, sino también a cómo tengo que respirar. Y lo cierto es que, siempre, en esas primeras veces, respiro "como puedo”.
Esa coordinación fina -finísima- entre movimiento y respiración es difícil de alcanzar en unas pocas clases. Siempre digo que, aún cuando en apariencia parece muy sencillo, se siente casi como cuando aprendimos a manejar un auto.
Al principio no sabemos si prestar atención al embrague, al acelerador, al volante, a los espejos o a la palanca de cambios. Lograr que todo esto funcione al mismo tiempo sin que el auto dé tirones lleva tiempo y práctica.
Coordinar apropiadamente el movimiento del cuerpo -y de sus distintas partes- con la respiración para que mi sistema no sienta “ese tirón” es igual de complejo.
Sin embargo, hay algo que sucede cuando nos volvemos avezados al volante que no debería nunca suceder en la práctica. Y esto es la automatización de lo que estamos haciendo.
Durante la práctica de yoga, al comienzo, vamos alternando dónde depositamos nuestra atención: oscilamos entre el cuerpo y la respiración. Pero una vez que esta orquesta está afinada, nos pueden pasar dos cosas.
La primera de ellas es que automaticemos ese circuito: inhalo, me muevo, pausa, exhalo, me muevo, pausa… y mientras hago aquello con el cuerpo y mi respiración, mi mente está en lo que voy a hacer para cenar, o en la reunión que tengo con el proveedor mañana, o en la charla que tuve ayer con mi hijo.
Cuando esto sucede, por más que nuestro cuerpo esté sobre un mat en una sala de yoga y siguiendo a la perfección las instrucciones, en realidad no estamos “haciendo” yoga.
La segunda cosa que podría pasar es que, al no tener que usar tanta atención ya para que la orquesta funcione, podemos dedicar un poco más de ella a observar otras cosas de orden más sutil.
¿Cómo qué?
Como prestar atención a nuestra respiración: ¿cómo se comporta en cada postura? ¿se entrecorta o es constante? ¿es forzada o es fluida? ¿me resulta más cómodo inhalar o exhalar? ¿Esto es siempre así o depende de qué postura estoy manteniendo?
Y a medida que vamos refinando ese proceso, aparece la posibilidad de empezar a prestar atención a nuestra mente: lo que se conoce como meta-cognición.
Esta palabra, tan de moda hoy, no es ni más ni menos que la capacidad de observar a nuestra propia mente como si fuéramos espectadores externos. No es un estado fácil de alcanzar, ya que necesitamos una cierta quietud interna para poder mantener ese objeto de meditación durante un tiempo largo.
Pero es un camino neuronal que podemos ir construyendo en cada práctica, en cada asana, en cada respiración. Entonces, cuando eso pase, tal vez hayamos podido comprender que el yoga no sucede en el cuerpo, no sucede en la respiración, ni sucede en la mente. El yoga sucede donde está puesta nuestra atención.
Solemos creer que el desafío del yoga es físico. Pero muchas veces la verdadera dificultad aparece cuando nos encontramos con nuestras propias limitaciones. Sobre esto reflexiono en La flexibilidad que realmente nos pide el yoga.




“La atención es la forma más rara y más pura de generosidad” (Simone Weil).