¿Qué es un asana? La semilla que se esconde en cada postura.
- Jimena Barcelona

- 20 mar
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 7 días
Detrás de cada postura hay algo más que una forma corporal. Algo que se construye, se ajusta y se observa con el tiempo.

Si estás leyendo este artículo probablemente sea porque te interesa adentrarte un poco más en el mundo del yoga. Y si estás en tus primeras aproximaciones, seguramente ya te cruzaste con la palabra asana en algún punto del camino.
En un primer nivel —y a modo muy simplificado— podemos decir que asana se refiere a "las posturas” que se llevan a cabo durante una práctica de yoga. Cada una tiene un nombre en sánscrito y, según la escuela o el linaje, una misma postura puede tener diferentes nombres.
Creo que acá sirve poner un poco de contexto. Existe un escrito que se conoce como los Yoga Sutras de Patañjali. Es una compilación de aforismos, dividida en 4 capítulos, que conforman una especie de manual técnico y filosófico de la práctica del yoga.
En este “manual” aparece la palabra asana sólo en 3 de los 196 aforismos que constituyen este compendio. Es decir, menos de un 1% del total. Puede parecer un dato menor, pero en realidad nos da una pista importante: las asanas ocupan un lugar muy pequeño dentro del texto.
En este escrito, la asana se describe así:
Y.S. II. 46 “sthirasukhamāsanan”
Esta frase —aparentemente impronunciable— reúne en realidad 3 ideas:
sthira: firmeza, estabilidad, atención;
sukha: comodidad, liviandad;
āsana: postura
Ordenadas bajo los criterios de nuestro idioma, sería algo así como una definición: la postura [es/debe ser -no hay verbo en el aforismo dado-] cómoda y estable.
T.K.V. Desikachar, en su libro “El corazón del yoga”, lo plantea como sigue: dice que la postura para ser considerada realmente un asana debe tener estas dos cualidades —firmeza y comodidad— en la medida apropiada.
Entonces, cuando empezamos a mirar —o mejor dicho, a habitar— las “posturas” que hacemos durante la práctica de yoga desde esta perspectiva, ¿podemos identificar cuán firme y cuán cómodo/a estoy en ese lugar?
Si la estoy abordando desde un lugar de mucha firmeza probablemente me esté acercando a la rigidez. Y, por el contrario, si estoy excesivamente cómoda/o en ella, probablemente me esté acercando a la flaccidez.
Ciertamente hay asanas o posturas que nos demandan más de una que de otra. En shavasana —la posición de "descanso" acostados boca arriba—, necesito soltar mucho del sthira —pero no todo porque si no me dormiré— para que la postura haga lo suyo. Y por el contrario, no voy a poder chaturanga —la plancha con codos flexionados— si no aplico nada de sthira.
Y es acá donde yo encontré una gran herramienta en el yoga. Para mí, las asanas esconden una semilla. Una que queda ahí, esperando el momento en que estemos listos para verla.
Esa semilla es la de enseñarnos a sutilizar nuestra mirada, y a reconocer cuánta firmeza y cuánta comodidad —cuánto sthira y cuánto sukha— necesita cada situación.
Yo era de esas personas —y aún estoy trabajando en ello— que siempre traía mucha fuerza, firmeza ante todo. Si algo no salía como yo quería —comentario que merece un próximo post—, más fuerza, más firmeza, más empuje, más hacer, más garra. Mi mentalidad era: si le meto con todo, va a salir. Mucho sthira y muy poco sukha en mi vida.
Con el tiempo, y con la observación que me obsequia cada mañana el espacio de mi práctica personal, pude empezar a identificar esto. Y muchas veces, poder ver esto con claridad ya cambia algo.
Aprender a no intervenir.
Aprender a dejar que las cosas sucedan sin que me involucre de alguna manera.
Aprender a guardar silencio cuando antes decía lo que pensaba.
Aprender a decir lo que sentía cuando antes callaba.
Eso —y mucho más— me dio mi práctica de yoga.
Y todo esto empieza desde un lugar muy simple y humilde: el de la auto-observación. Pararme en el mat y dedicarle un tiempo a la práctica de asanas puede ser un buen punto de comienzo.
Porque el mat, al final de cuentas, no es otra cosa más que un espejo de nuestra manera de encarar la vida.
Si esta forma de entender la práctica resuena con vos, quizás te interese profundizar en qué significa realmente practicar yoga.


LO MEJOR DE LA NOTA, tus 4 aprendizajes:
Aprender a no intervenir.
Aprender a dejar que las cosas sucedan sin que me involucre de alguna manera.
Aprender a guardar silencio cuando antes decía lo que pensaba.
Aprender a decir lo que sentía cuando antes callaba.
Me encantó esta definición: “el mat, al final de cuentas, no es otra cosa más que un espejo”.
La práctica de los asanas requiere constancia y una mirada amorosa, paciente y compasiva, hacia el reflejo que nos devuelve ese espejo que es el mat.